Así es, los primeros automóviles de gasolina de la historia tenían las ruedas blancas. La razón es bien sencilla: el caucho natural es de color blanco y si no se le añade ningún tipo de pigmento que cambie su tonalidad original el resultado es un neumático de color hueso que se produjo de forma masiva tanto en Europa como en Estados Unidos a principios del siglo XX.

En esos primeros años, todo el caucho que se elaboraba en la industria de la automoción procedía del árbol Hevea Brasiliensis, una especie que crece de forma natural en la cuenca hidrográfica del río Amazonas y cuya savia de color blanco sirve para fabricar neumáticos. Por aquel entonces, había plantaciones suficientes como para cubrir la demanda mundial de automóviles por completo, sin que nadie pudiera imaginar que varias décadas después la fiebre del caucho obligaría al sector a desarrollar un caucho sintético hecho a base de derivados del petróleo mucho más barato y abundante.

Categorías: Toco Tips

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